Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de junio de 2008

...¡Educo corazones!...

... Como en los viejos tiempos con bolígrafo y papel en mano, los sueños, los pensamientos..., (poco a poco) van cobrando vida en forma de palabras.... Estoy contemplando el mar, sentada en silencio, después de un largo paseo por la playa, mis pies están mojados y acurrucados en el calor de la arena, la brisa es suave y siento una profunda paz en el corazón y en el alma...

Toca desnudar el alma y hacer un ejercicio de honestidad conmigo misma, para recordarme una certeza que no debo olvidar...
Me siento afortunada porque nací vocacionada para educar, y será así hasta el día que me muera. Es una verdad que corre por mis venas y que llevo tallada en el corazón…
Educo corazones... Los enseño a amar, a pensar, a ver y comprender el mundo, a descubrir, a vencer el miedo, a buscar las razones de las cosas, a experimentar, a aceptar los errores, a disfrutar de lo pequeño y sencillo, a sonreír, a abrazar, a llorar, a vivir...
Los cuido, les doy claves para que se desenvuelvan por si mismos, les exijo, les enseño "a ser"... y mientras todo eso ocurre, ellos me enseñan más a mi... Reeducan mi corazón y me hacen ser mejor persona... me exigen, cultivan mi paciencia, me cuestionan, me dan, me enseñan a escuchar, a sonreír, a amar sin pedir...
Cada día asumo el reto, acepto el riesgo de disfrutar apasionadamente de mi trabajo. Intento, de forma humilde y sencilla, poner al servicio de otros seres humanos, las cualidades que la vida me ha regalado... No sé educar de otra forma... Cada corazón es una persona, con la que comparto pequeños trayectos del camino, y a cada paso, en cada segundo que comparto me reafirmo en lo que soy, en lo que la vida me ha enseñado. Creo verdadero aquello que el zorro le dijo al principito: "Lo esencial, es invisible a los ojos... sólo con el corazón se puede ver bien"...
Aún siendo mi campo de trabajo, poco sé del mundo de la educación, para hablar con toda profundidad, y sin faltar a la verdad. Creo que saber o hablar de educación requiere de toda una vida...
A lo mejor con los años, si sé lo suficiente para tener un blog sobre educación... Mientras tanto, dedico la vida a descubrir corazones... sintiéndome más aprendiz que maestra... Esa es la verdad desnuda que me he reconocido en el día de hoy...
... Pasarán las horas hasta que estas palabras lleguen hasta ti, hasta vosotros, porque este post lo escribo como antaño, soplando vida desde el alma, sobre un papel..., en este caso contemplando el mar.

miércoles, 21 de mayo de 2008

¡Cada persona, es única e irrepetible!

El mundo evoluciona a una velocidad de vértigo, los avances científico-técnicos permiten "influir" y "modificar" la vida humana hasta unos extremos casi inimaginables, que hace años eran poco menos que impensables. Al mismo tiempo ese avance implica que las desigualdades entre los más débiles y poderosos, se acentúen cada día más... Hace pocos días leía un titular que ponía: "El aborto hace caer el síndrome de Down. El número de nacidos con la anomalía se reduce un 30%"


No soy madre, ni tampoco padre, no sé, (ni creo que me puede imaginar), el movimiento que se produce en el corazón de una madre o un padre de cualquier rincón del mundo, cuando descubren que el hijo que la vida les regala tiene alguna deficiencia congénita... Conozco padres que tienen niños con deficiencia, he trabajado con niños con diferentes deficiencias, me he formado en el campo de las necesidades educativas especiales.... A pesar de todo, hay situaciones vitales que no me atrevo a enjuiciar, ni me siento capaz de hacerlo, porque más allá de las valoraciones humanas, de las ético-morales, de las espirituales, de las educativas, de las sociales..., está la conciencia y la opción de obrar libremente conforme a ella.


...Teniendo en cuenta lo anterior, y leyendo la noticia, me ha surgido una reflexión que creo debo expresar... Para mí, cada persona es única e irrepetible... Cada persona es un fin en sí misma, a pesar de sus limitaciones, de sus dificultades, de sus necesidades especiales.... He trabajado con niños que tienen Síndrome de Down y, (sin hacer generalidades, ni discursos sentimentales, porque ni quiero, ni puedo), la experiencia me demuestra que son personas maravillosas, trabajadoras, divertidas, tenaces, alegres, cariñosas, ... que se pueden desarrollar, crecer, y llevar una vida lo más normal y autónoma posible... Lejos están para mí las deficiencias de ser un porcentaje que puede disminuir a medida que aumenta el de abortos... Son personas que tienen una dignidad, y como tal debe de ser respetada...


He visto la dureza vital a la que se han tenido que enfrentar, padres que se encuentran con la realidad de que su hijo nacerá o tiene una dificultad..., y de esa experiencia, más allá de todo esto, he visto familias felices, que quieren, cuidan, protegen y disfrutan de sus hijos, sin permitir que la deficiencia sea el sustantivo que los defina. Evidentemente nadie pide tener un hijo deficiente, pero sí es una elección libre y personal, la forma de acoger tal realidad...

A pesar de tal dificultad vital... he visto una profunda humanidad en personas que poseen una deficiencia congénita, que me ha cuestionado muchas veces quien tiene realmente la deficiencia, ¿quien nace con ella, o quien no se siente capaz de descubrir y vivir con la debilidad de otro ser humano?


Admiro el amor silencioso y el valor de quien dedica su vida a cuidar y educar a otro ser humano que tiene una dificultad congénita, siendo consciente de que más allá de la dificultad está la dignidad... Admiro la coherencia de quien toma libremente una opción en conciencia...


...Y recuerdo con cariño, a Marisa, una niña feliz, con Síndrome de Down, que cada mañana, me decía que estaba contenta porque sus padres la querían mucho... ¡Gracias Marisa, por todas las cosas que me has enseñado, y que me has regalado!

jueves, 24 de enero de 2008

¡Un adulto con corazón de niño!

Absolutamente todos, hemos sido niños. Forma parte del proceso de la vida, la única que tenemos. Algunos hemos disfrutado del hecho de ser niños. Otros, por circunstancias de la vida, han tenido que crecer demasiado rápido, y se han visto privados de infancia. Algunos se han olvidado de que un día lo fueron. Y otros, ya adultos, seguimos siendo niños.

Trabajar con niños, o pasar tiempo cerca de ellos, es motivo para sentir que la vida nos ha hecho un precioso regalo.

Yo doy gracias por todos los adultos que siguen manteniendo el corazón de niño. Que son capaces de redescubrir el mundo en las pequeñas cosas. Que no han perdido la capacidad de sorprenderse de los acontecimientos cotidianos. Que sonríen porque se sienten felices. Que conservan la bondad y la capacidad de perdonar, a pesar de las decepciones que otros les hayan podido causar. Que contemplan y escuchan lo que sucede a su alrededor, como si nunca antes lo hubiesen hecho. Que abrazan y besan sin pretensiones. Que confían ciegamente en los demás, con una inocencia casi irreal. Que cantan, bailan y juegan porque sienten alegría de vivir. Que buscan ayuda y protección cuando sienten miedo o impotencia. Que encuentran respuestas sencillas a problemas difíciles. Que mantienen la capacidad de volver a empezar, aunque las cosas se hayan derrumbado una y otra vez. Que disfrutan intensamente el tiempo que pasan con los demás...

Los niños tienen la capacidad de ver, sin máscaras, a los adultos. Enseguida descubren quien, ya mayor, sigue conservando su corazón de niño. Pero también tienen la capacidad de hacernos recordar que un día lo hemos sido.

Sin duda, yo de los niños aprendo muchas cosas, más de lo que yo les puedo enseñar.

Si tú, te reconoces en estas palabras, o tienes cerca personas así, siéntete afortunado porque significa que todavía conservas tu corazón de niño, o estás a tiempo de recuperarlo.

¡Ojalá pueda llegar a ser abuela, sin haber perdido mi corazón de niña!